ATRÉVETE
quien soy¿Por qué temo decir que amo?
Una de las preguntas enigmáticas de hombres y mujeres es ésta: ¿Quién soy? Las respuestas son tan diversas como seres humanos existen en el mundo. Algunos prefieren no hacérsela, puesto que hacérsela implica hacer un proceso de introspección que trae a la conciencia acontecimientos del pasado no tan agradables al presente de cada uno.
En la sociedad actual la vida está llena de prisas y “carreras”; estas características impiden “hacer un alto” y asombrarnos de nuestros propios sentimientos y emociones. ¿Quién soy yo? y ¿Quién no soy yo? Dentro de ti hay un sinfín de situaciones, hábitos y pensamientos programados desde tu niñez, que te impiden entrar en sintonía con tu “yo profundo”, allí donde te encuentras contigo mismo (a) y con Dios. Ahí descubres que has nacido para amar y para que te amen.
En lo profundo de ti te das cuenta que eres especial, porque Dios te trajo al mundo para que seas su imagen y semejanza; has venido a este mundo a ser feliz y a propagar el amor de quien te creó por amor. Cuando meditas y reflexionas “a solas con Dios” te das cuenta que te hace falta mucho por hacer; caes en la cuenta que los temores, los miedos y las falsas creencias irracionales te han impedido amar sin miedo para transformarte y para transformar a los demás.
Por eso es esencial la respuesta a esta pregunta: ¿Quién soy? De la respuesta depende tu felicidad y tu autorrealización. ¿Cuáles podrían ser algunas de tus posibles respuestas?
Lo que puede afectarte en el momento de responder a esta pregunta son las programaciones de tu niñez, los complejos de inferioridad, la baja estima o bien una mentalidad pesimista de la vida. Para dar una respuesta asertiva a ¿Quién soy?, debes “aprender a ser quien eres”. Aprende tranquilamente a renunciar a todo aquello que no eres.
Para descubrir lo que eres, debes responder también “quién no eres”. En algunas ocasiones puedes cometer acciones ante las cuales dices: “yo no sé por qué hablé de esa manera, porque yo no soy así; la verdad no sé qué me pasó”. A veces quieres pedir perdón y no lo haces, quieres expresarle a alguien que le amas con todo tu corazón y no te animas. ¿Por qué? Si reflexionas un poco más a profundidad, podrás concluir que, constantemente actúas según estereotipos y hábitos aprendidos de quienes te han acompañado a lo largo de tu vida, tales como: papás, hermanos, amigos y la pareja.
No estoy diciendo que los consejos de tus padres y personas cercanas a ti, sean malos; o que la persona con quien vives es la culpable de todos tus males y desgracias. Lo que quiero decir, es que a veces aparentas ser muy fuerte o muy duro, y realmente tú no eres así. Lo que pasa es que usas mecanismos para defenderte de los estímulos externos. Tú esencia no es esa. Cuando ya estás a solas, y con Dios, te arrepientes. Cuando actúas en base a las sombras existentes en tu ser, los demás se dan cuenta que tú no eres la persona que ellos están viendo.
Aprende entonces a “renunciar” a todo aquello que te estorba a ser quien realmente eres. Anselm Grün dice: “no es fácil contentarse con ser quien es uno. Preferiría ser como éste o como aquella…le gustaría tener la inteligencia y su éxito. Pero entonces anda siempre persiguiendo la dicha, sin alcanzarla nunca. El único camino que lleva a la sintonía con uno mismo es la renuncia a todo aquello que no corresponde al verdadero ser de uno”. Pregúntate ¿Quién no soy yo? Tú no eres tonto, impuntual, pobre, malhumorado y el pecador más grande del mundo. El Evangelio de este domingo 13 de marzo dice que los fariseos le presentan a Jesús una mujer “sorprendida en adulterio”; y según la Ley judía, ella debía morir apedreada. Y Jesús les dice: “Quien no tenga pecado, que le tire la primera piedra”. Tú no eres quien crees que eres, tú no eres quién dicen los demás que eres. Tú eres…único, única. Feliz semana para todos y todas.

Anuncios

Ética y relativismo moral

Sagols, L., Linares, J. y De la Garza, M. en el libro en Ética y valores afirma que “la moral es el conjunto de costumbres, hábitos, normas (muchas veces no escritas), códigos de conducta, reglas y tradiciones que conforman a una comunidad humana que se reconoce como tal”. Define a la ética como una reflexión crítica de los individuos sobre las costumbres. Ética viene de ethos que significa carácter: marca o sello distintivo; es la reflexión teórico-filosófica sobre la moralidad, es decir, sobre el carácter moral de los seres humanos, (Pp. 3-4).

Por otro lado, el relativismo es una corriente filosófica que sostiene la relatividad del conocimiento, pero esta relatividad no radica en las limitaciones del sujeto cognoscente, sino que deriva del objeto conocido, ubicado siempre en un contexto diferente. Esta corriente se ve reflejada en Protágoras (485-415 a. C.) quien afirmaba: “el hombre es la medida de todas las cosas”. Según Protágoras todo es relativo a la especie humana, es decir, no hay una verdad absoluta sino que es relativa a las razas y pueblos.

Ahora bien, aplicando esta corriente al campo moral, hay que tener mucho cuidado, porque puede confundir a las personas, en cuanto a la actitud que éstas asuman en el momento en que les toque vivir experiencias profundas de vida. Porque la verdad no es relativa o variable.

El hombre y la mujer han nacido para ser felices; y la única manera de ser felices es el conocimiento de la verdad, porque la verdad les hace libres. El mundo actual está sumido en una serie de problemas éticos y morales. Un problema serio es el relativismo moral, según el cual la verdad depende del sujeto y no del objeto. Pongo un ejemplo: el aborto. El aborto es un crimen que se comete deliberadamente contra un ser indefenso. Alguien podría argumentar que la decisión de tener o eliminar una vida es de la mujer embarazada, y que como no está preparada, que lo mate. Esta actitud es fatal, porque se está violando un valor universal: la vida. La vida la da Dios y Él es el único que puede quitarla. El derecho a vivir es un valor universal válido en todas las culturas y en todos los tiempos. El quinto mandamiento afirma: no matar. Es una verdad universal.

El relativismo moral le hace creer al hombre y a la mujer que la verdad depende de ellos. Desde un punto de vista religioso y cristiano, una persona defensora de esta corriente, puede decir que algo es pecado o malo, si él lo considera y lo percibe así, caso contrario puede hacer lo que quiera. El relativismo moral conduce al libertinaje sexual, a medir todo según el propio criterio, porque como “yo soy la medida de todo”, entonces nadie, ni los padres de familia, ni los profesores, ni mucho menos la iglesia pueden decirme cómo debo yo actuar. Si un esposo relativista considera que tener relaciones sexo-genitales fuera del matrimonio no es malo, porque él lo cree así, no hay problema. El bien o el mal, según esta corriente, dependen de las circunstancias y de la opinión de quien realice las acciones.

En conclusión, el relativismo moral es un atentado para la ética, porque el hombre no puede ni debe adaptar la verdad a su conveniencia y antojo. La verdad no es relativa ni variable. Varían las personas y los tiempos, pero la verdad será siempre la verdad. Contrario a lo que afirman los relativistas, que lo que hoy es verdad mañana puede ser falso. Pero no es así. No se puede limitar y reducir la verdad a la opinión y circunstancias del individuo. La verdad es siempre la verdad para cualquier cultura y tiempo. La verdad no tiene validez limitada ni reduccionista. El robo, la eutanasia y el aborto serán siempre acciones ilícitas en cualquier pueblo, nación y cultura.

Este es un tema que vale la pena profundizarlo más y abordarlo en todos los espacios posibles de la sociedad actual. Hay muchísimas personas que están construyendo una moral de acuerdo a sus intereses. Esto no se debe permitir. El relativismo moral bloquea el acceso a la verdad plena y hace creer que cada quien tiene su propia verdad.