Ascensión del Señor

                                   Ascensión del Señor (8 de Mayo de 2016)
En la sociedad actual hay una serie de problemas de toda índole, de todo tipo. La delincuencia no para, la corrupción sigue su curso, los asaltos a negocios y tiendas continúa, la gente no respetas las señales de tránsito y se cruzan los semáforos en rojo, se estacionan donde no se debe, no se respetan las colas, etc. Y dentro de la misma Iglesia, a veces, no siempre, nos preocupamos más por sobresalir y competir con los demás que por hacer las cosas bien y con excelencia. En palabras paulinas, en la sociedad actual hay nuevos areópagos que necesitan ser evangelizados, entre los más importantes: la familia.
Los corruptos, los ladrones, los asaltantes y toda persona que hace el mal ha nacido en el seno de una familia. La familia sigue siendo la célula básica de la sociedad. Por lo tanto, no podemos quedarnos plantados mirando al cielo como los discípulos en la Primera lectura (Hch 1, 1-11): ¿Qué hacen allí parados, mirando al cielo? Por Jesús vino a esta mundo a enseñarnos a liberar a los pobres, a los marginados por la misma sociedad, vino a enseñarnos que hay que perdonar hasta 70 veces siete, es decir, siempre; vino a decirnos que no somos jueces para juzgar y castigar a los pecadores, como querían los escribas y fariseos hacer con aquella mujer que sorprendieron en adulterio, Jesús le dijo: mujer yo tampoco te condeno, pero no vulvas a pecar; Jesús vino a decirnos que no solo nos fijemos en la paja en el ojo del hermano, sino que miremos la viga en el nuestro. Jesús vino a decirnos: levántate, toma tu camilla y anda. Y sobre todo vino a enseñarnos el gran mandamiento del amor: ama a tu prójimo como a ti mismo.
Entonces, hoy Jesús asciende al cielo, a la diestra del Padre, pero vendrá de nuevo “para la salvación de aquellos que lo aguardan, y en él tienen puesta su esperanza” (Heb 9, 24-28; 10, 19-23), tal como lo dice la Carta a los Hebreos que hemos escuchado hoy.
Hoy, aquí y ahora hay necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados (Lc 24, 46-53). Es en la familia en donde deben comenzarse a sembrar valores morales y espirituales, para que en el futuro haya mejores ciudadanos y ciudadanas, que cuando lleguen a ocupar un puesto en la iglesia, en el Estado, en cualquier institución pública y privada, trabajen para el beneficio de los más necesitados, que trabajen para el bien común de todos los habitantes y no solo para sus propios intereses. Los valores morales y espirituales hacen que el ser humano vuelva a Dios.
En general, todos necesitamos volvernos a Dios y hablar de él en dondequiera que estemos. Las redes sociales deben usarse para evangelizar, para crear una mentalidad más positiva y optimista de la vida; las redes sociales no son para criticar y expresarse mal de nadie. Los medios de compunción en general deben ser usados con madurez, con equilibrio para anunciar que Jesús ascendió al cielo, y que mientras viene por segunda vez, yo debo predicar con palabras y obras que él es el Hijo de Dios, que padeció, murió y resucitó.
En este día de la ascensión de Jesús, meditemos sobre la manera cómo estoy yo anunciado su palabra y los frutos que esta palabra de Dios tiene en mi propia vida. Que la fuerza del Espíritu Santo nos acompañe siempre.

Anuncios